Escritos La importancia de los cuentos clásicos en el desarrollo emocional de los niños

Luisa Moyano

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La importancia de los cuentos clásicos en el desarrollo emocional de los niños

En los últimos años, los cuentos infantiles clásicos han sido reinterpretados para adaptarse a nuevas sensibilidades. Las versiones modernas enfatizan el poder de decisión, la valentía y el empoderamiento femenino, mientras suavizan la figura del villano y presentan un mundo donde la bondad y la maldad no son absolutas, sino que conviven en personajes como brujas, duendes y lobos con intenciones ambiguas. Es comprensible que, desde una mirada posmoderna, se cuestione la permanencia de ciertos estereotipos, representaciones de violencia y concepciones del amor romántico que han influido en la sociedad.

Sin embargo, modificar la esencia de los cuentos clásicos implica eliminar un elemento crucial para el desarrollo emocional infantil: la clara diferenciación entre héroes y villanos, entre el bien y el mal. Estos relatos, lejos de ser meras historias de fantasía, ofrecen herramientas psicológicas fundamentales para los niños. A través de sus personajes y conflictos, los pequeños proyectan sus propias emociones, miedos y alegrías. Los cuentos les permiten identificarse con los protagonistas, vivir sus desafíos y aprender estrategias para enfrentar dificultades. Además, refuerzan una idea clave en la crianza consciente: las acciones tienen consecuencias y, aunque la vida presente obstáculos, siempre es posible encontrar una solución.

Bruno Bettelheim, en Psicoanálisis de los cuentos de hadas, destaca que estos relatos simbolizan procesos fundamentales de maduración emocional. Cada personaje cumple una función clave en la construcción psíquica infantil:

El héroe o heroína (Cenicienta, Blancanieves, Pulgarcito, Hansel y Gretel)

  • Representa al niño mismo en su camino hacia el crecimiento. Los protagonistas suelen comenzar en desventaja (huérfanos, maltratados o abandonados), reflejando la vulnerabilidad infantil. A medida que avanzan en la historia, desarrollan valentía, inteligencia y perseverancia.

El ogro, dragón o brujo malvado (El lobo en Caperucita Roja, la bruja de Hansel y Gretel, los ogros en Pulgarcito)

  • Simbolizan los miedos primarios de la infancia, como la separación de los padres o el peligro del mundo exterior, los cambios del ciclo vital; también pueden representar la percepción infantil de los adultos como figuras a veces amenazantes o incomprensibles.

El hada madrina o el mentor (La madrina de Cenicienta, el anciano sabio en diversas historias)

  • Encarnan la guía, el cuidado y el apoyo del mundo adulto. Su presencia refuerza la idea de que, aunque el camino sea difícil, siempre habrá ayuda para quienes actúan con bondad y paciencia.

Los animales ayudantes (Los ratones de Cenicienta, los pájaros en Blancanieves, El gato con botas)

  • Representan la intuición y los recursos internos del niño. En algunos casos, funcionan como un reflejo del protagonista, guiándolo y brindándole confianza en su propio proceso de crecimiento.

Los cuentos de hadas no son solo relatos pasados de moda usados para entrener a los niños; son mapas simbólicos que los guían en su desarrollo emocional, les enseñan a lidiar con sus propios miedos y a comprender que los desafíos forman parte del crecimiento. A través de estos relatos, los niños exploran la dualidad del bien y el mal, internalizan el valor del esfuerzo y la perseverancia, y descubren que, aunque la vida pueda ser difícil, siempre existe la posibilidad de superar los obstáculos y encontrar su propio camino. Preservar la esencia de estas historias es respetar la necesidad infantil de contar con narrativas que les permitan dar sentido a sus emociones y experiencias, ayudándolos a construir una identidad más segura, resiliente y consciente del mundo que los rodea.